¿Cómo le voy a enseñar todo si no soy maestra? ¿Y si se atrasa?

Todo lo que te preguntás antes de empezar a educar en casa

Un niño explora hojas con una lupa mientras su madre lo acompaña en casa

Si llegaste hasta acá, probablemente te estés haciendo alguna de estas preguntas:

¿Cómo le voy a enseñar todo si yo no soy maestra? ¿Qué pasa cuando lleguemos a la física y química si yo nunca fui buena en eso? ¿Y si se atrasa respecto a los chicos de la escuela? ¿Cómo hago si además tengo que trabajar? ¿Qué método elijo? ¿Por dónde empiezo?

Lo primero que hay que saber

La desescolarización la hacemos los adultos, no los chicos. A ellos les resulta más fácil salir de la escuela. A nosotras nos cuesta, porque llevamos años con la lógica escolar instalada: horarios, materias, evaluaciones, la idea de que aprender es lo que pasa dentro de un aula.

Lo que veo después de casi cuarenta años acompañando familias en el aprendizaje libre es que el mayor obstáculo no es la falta de recursos ni de método ni de información. Es seguir usando la lógica de la escuela en un espacio que podría ser completamente diferente. Las familias que mejor sostienen la educación en casa no son las que tienen el día mejor planificado. Son las que encontraron su propio ritmo y dejaron de intentar replicar la escuela que dejaron atrás.

¿Qué método elijo?

Montessori, Charlotte Mason, Waldorf, unschooling. ¿Cuál es el mejor?

Eso es algo que vas a tener que descubrir. Las teorías son útiles, pero sirven para apoyar lo que observás en tu hijo, no para seguirlas a rajatabla. El mejor punto de partida no es elegir un método. Es observar a tu hijo. ¿Qué lo entusiasma? ¿Qué hace por su cuenta cuando nadie se lo pide? ¿En qué se concentra? ¿Qué hace cuando se aburre?

Esa observación vale más que cualquier manual. Después, cuando leas sobre métodos vas a empezar a ver que muchas cosas que ya hacías por sentido común tienen nombre. Y ahí esas teorías de seguro te aportarán ideas útiles para tu realidad. La idea es que ajustes lo que aprendes a los intereses, a la forma de aprender de tu hijo. Y no al revés.

¿Y si se atrasan?

No se van a atrasar. Van a aprender en momentos distintos a los que fijó el sistema.

En la mayoría de los casos, lo que descubrimos al final de alguno de los ciclos escolares, primaria o secundaria, es que cuando comparamos lo que los chicos aprendieron, con el currículo de cualquier escuela, casi siempre descubrimos que aprendieron más de lo esperado. Y si hay algún tema que quedó sin cubrir, se aprende rápido — porque lo que estamos protegiendo con esta forma de acompañar y que es lo más valioso es la capacidad de aprender a aprender.

Eso que suena abstracto tiene una explicación muy concreta. Un niño que aprende a leer porque tiene genuina curiosidad por hacerlo — que empieza a asociar letras y sonidos porque quiere saber cómo se escribe su nombre, el de su papá, el de su hermana — está desarrollando la misma habilidad que va a usar después para aprender física cuántica, matemática avanzada o cualquier otra cosa. Cuando está motivado por un interés genuino y no por obligación externa, aprende exponencialmente más rápido.

Lo vi infinidad de veces, en mi propio hijo: nunca quiso estudiar inglés. Le encantaba la música, quería entender las letras de las canciones, y de ahí captó la esencia de esa lengua, luego cuando lo necesitó para su trabajo, le puso un poco de estudio y lo resolvió. Cuando un chico que creció en aprendizaje libre se enfrenta a algo nuevo, tiene algo que pocas experiencias pueden dar: la certeza de que puede. No porque sea más inteligente, sino porque nadie interrumpió su confianza en su propia capacidad de aprender.

¿Y si hay cosas que yo no sé enseñar?

No tenés que saber todo. Tu tarea es abrir posibilidades, estar ahí para abrirle puertas.

Libros, un mentor, alguien que sabe del tema y acepta una visita, un entusiasta en algún tema de su interés, un museo, un taller. Mi hijo tenía interés en la abogacía y en casa no había ningún abogado. Lo llevé con un abogado amigo que lo invitó a que lo acompañara a los juicios. Volvía fascinado.

La educación en casa no limita. Es sacar al niño de la cajita de la escuela para mostrarle el mundo de posibilidades. Y tampoco es que tengas que hacer todo por ellos. Parte de aprender en libertad es soltar el control para que ellos desarrollen autonomía y responsabilidad.

¿Cómo hago si también tengo que trabajar?

No es necesario dejar de trabajar para educar en casa. Y muchas veces es incluso contraproducente, porque estar demasiado encima de los chicos no los deja crecer.

Ver que mamá trabaja con entusiasmo en algo propio enseña más que cualquier clase. Y en los momentos en que trabajás, ellos aprenden algo que la escuela raramente enseña: a gestionarse solos, a buscar lo que les interesa, a ser autónomos. Eso también es presencia, aunque no estés mirando su cuaderno.

Lo que ayuda para que esto funcione no es un horario perfecto sino un ritmo. Un bloque en el que estás presente con ellos. Un bloque en el que trabajás y ellos van a lo suyo.

¿Por dónde empiezo?

Con calma. Y con una sola tarea por semana.

La primera semana: observar, no planificar. Tu única tarea es mirar qué los entusiasma, qué hacen cuando nadie se los pide, en qué se concentran, qué hacen cuando se aburren. Anotá tres cosas por día.

La segunda semana: elegí dos o tres momentos que siempre van a suceder y que le dan forma al día. El desayuno juntos. Una lectura antes de dormir. Una caminata. No tiene que ser a la hora exacta. Alcanza con que sucedan.

La tercera semana: empezá una bitácora simple. Al final del día anotá qué hicieron y qué estuvieron aprendiendo detrás de eso.

La cuarta semana: elegí un interés que hayas visto aparecer y ofrecele una oportunidad. Un libro, una salida, alguien que sabe del tema. No dirijas: ofrecé, y mirá qué hacen con eso.

Y para no perderte

En lugar de evaluar con notas, hay cuatro preguntas para revisarse una vez al mes:

¿Cómo están los vínculos con vos, entre hermanos? ¿Hay disfrute, al menos en general? ¿Hay curiosidad, preguntas, ganas de saber más? ¿Es sostenible para toda la familia, no solo para los chicos?

Si las respuestas son mayormente sí, van bien.

El primer paso no es elegir un método. Es soltar la lógica escolar lo suficiente como para poder ver lo que ya está pasando delante de tus ojos.

Eso ya es un buen comienzo 🌿

¿Querés seguir construyendo esto con acompañamiento?

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